FERNANDO BELMONTE
El ilustre triguereño Fernando Belmonte ha despertado el interés de estudiosos de la Filosofía, el Derecho y la Política. El profesor Calvo González, de la Universidad de Málaga, que actualmente realiza una amplia investigación sobre nuestro paisano, analiza en este artículo algunos aspectos del pensamiento de Belmonte, sus maestros y su línea dentro del grupo español que se formó dentro de la doctrina del racionalismo armónico del filósofo alemán Karl Ch. F. Krause. La historia intelectual y científica de Andalucía en la segunda mitad del S. XIX no está agotada. Su proyección y repercusiones en la mentalidad del XX -planes de modernización cultural y programas de renovación social y política, el ideal regeneracionista y la dinamización del pensamiento- representan no sólo el antecedente lógico sino también, y sobre todo, la más idónea y consistente base desde la que deliberar acerca de la experiencia e identidad contemporáneas. En esa línea, la preocupación por rescatar la imagen humana de quienes a ello contribuyeron, tanto como la de reconstruir el ambiente institucional en que desarrollaron su labor constituye, al tiempo que conveniente mirada al pasado, una valoración de lo presente y una instructiva directriz para el futuro. Fernando Belmonte Clemente es una de las figuras de ese paisaje y parece justo que a su memoria intelectual y científica se rinda, cuando menos, el testimonio del recuerdo. Con tal propósito reuniré algunas noticias sobre la dimensión y el entorno de influencias en su pensamiento y actividad investigadora.
Es durante la etapa de su formación universitaria en Sevilla donde sin duda -e infinitamente más que hoy, por desgracia- se registra la apertura a un horizonte de inquietudes e intereses y el inicio de un conjunto de relaciones personales luego prolongado y desenvuelto a todo lo largo de su vida. Debe considerarse que, en efecto, entre los años 1859 a 1863 y 64, es decir abarcando las fechas de las licenciaturas que cursa en Filosofía y Letras y Derecho por la Universidad Hispalense, tuvieron lugar los contactos académicos que incardinarían su trayectoria intelectual. Del primero de esos centros deriva la más fuerte influencia; allí recibió las enseñanzas de Metafísica impartidas desde la Cátedra de Ampliación de la Filosofía y su Historia recién ocupada por Federico de Castro, notabilísimo agente y representativo expositor en Andalucía del sistema filosófico idealista de inspiración krausista -doctrina del racionalismo armónico- en su más fidedigna línea interpretativa. El ascendiente de Castro se dejó sentir igualmente en la Facultad de Derecho, si bien en esta, emergiendo tras un periodo de latencia, el enfrentamiento idealista con la filosofía escolástica adoptó como forma dominante la hegeliana.
En todo caso, no es improbable que, al término de los estudios jurídicos, la maestría de Castro permaneciera tan viva como para motivar todavía más la inclinación krausista de Belmonte al momento de satisfacer en la Universidad Central de Madrid el preparatorio de Doctorado en Derecho (1868-1869), asistiendo en aquella a las explicaciones de Francisco Ginés de los Ríos en Filosofía del Derecho, y de Gumersindo de Azcárate en Legislación Comparada, quienes agrupados en torno a Julián Sanz del Río constituían la espina dorsal del krausismo español. Lamentablemente no hemos localizado aún la tesis doctoral de Fernando Belmonte, la que sin duda arrojaría luz en este asunto. Por el momento, no obstante, parece más que muy prudente manejar la hipótesis de una orientación de tal naturaleza. Es lo cierto que, desde luego, si se la puede probar en las primeras investigaciones dadas a conocer tras la colación del Grado, mostrando en ellas, además, una perfecta sintonía con los más caracterizados planteamientos de la producción bibliográfica de Castro, en particular para lo relativo a su convencimiento sobre la existencia histórica de una filosofía nacional española. La coincidencia es tan grande como para permitir intercambiar sin mucha dificultad las fuentes y tesis entrambos utilizadas y defendidas. Señálese, por añadidura, que en común tienen también la fecha y lugar de aparición; el año 1869 y la «Revista de Filosofía, Literatura y Ciencias» de Sevilla, fundada por Castro y Antonio Machado y Núñez, cuyas colaboraciones para ese núm. 1 son las únicas que figuran precediendo la de Belmonte. Sin embargo, la preocupación investigadora de nuestro personaje en absoluto queda consumida por el intento en descubrir o bien articular una composición de armonismo krausista en la filosofía española.
Dentro las de que por entonces se apuntan como corrientes del pensamiento krausista en España, Belmonte reordena sus prioridades trasladándose del campo teórico (especulativo) -Sanz del Río, o Castro- hacia áreas de reflexión filosófica más prácticas, en concreto a la filosofía de la religión. Con Rafael Álvarez Surga, otro más de los discípulos de Castro, prepara y da a conocer en las páginas de la R.M.FL.C.S. 11873) una versión castellana sobre buena parte de la obra de Guillermo Tiberghien, profesor en la Universidad de Bruselas y, naturalmente, de filiación krausista, Estudios sobre Religión 121. El valor de este dato creo que debe tomarse en relación a las actitudes que en el seno del krausismo español y, al caso, también andaluz comienzan al experimentarse como necesidad de aproximación a los sistemas filosóficos positivistas; esto es, signos de ponderado krausopositivismo o filopositivismo krausista. El acercamiento de Belmonte a esta problemática, diré también, resulta especialmente circunspecto ya que no implica las fuentes de la polémica y porque el mismo Tiberghien se había presentado cauteloso respecto al positivismo en la reflexión filosófica idealista. Con todo, pienso que vale hacer del dato una lectura como síntoma a tener en cuenta para el diagnóstico de evolución interna del krausismo. Si se me permite la metáfora clínica afirmaría que aquel era un periodo álgido: un estado febril -representado por discusiones y debates- al que acompaña la sensación de frío -representada por el paulatino abandono de la preferente ocupación en temas especulativos-. En este sentido, una de las inflexiones de rumbo más características, siempre sin olvidar la condición krausista de origen, es la que gira en torno a la adscripción de la Antropología a la historia natural, conectándola 'pues a medicina, zoología, geología, historia, arqueología, lingüística, estadística, etc... Esto explica que hallemos a Belmonte perteneciendo al Ateneo Hispalense desde su fundación 11879) por Castro y el historiador y sociólogo filopositivista Manuel Sales y Ferré, que en 1880 alcance a ocupar la vicepresidencia de la sección de Literatura y Artes, al cargo del naturalista Claudio Boutelou, y que para 1887 sea el máximo responsable de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la provincia de Sevilla. En compañía de Boutelou, o de José Gestoso Pérez recorrió numerosos lugares de la provincia y capital Sevillana atesorando observaciones y reuniendo noticias de singular interés.
De esta época, a veces arrancando pocos antes y en alguna ocasión continuándolos con posterioridad, datan diversos trabajos de contenido arqueológico, paleográfico, numismático, etnológico e histórico-artístico 131. De otra parte, por esos mismos años Belmonte se inscribe entre los componentes del grupo organizador de la Sociedad de Folklore Andaluz, creada en Sevilla a instancias de Antonio Machado y Álvarez tras su «plena» ruptura con el krausismo, inaugurando entonces el llamado «positivismo folklorista». A él concurren también Álvarez Surga, Gestoso y Joaquín Guichot y Parody, entre otros. La relación de este último con Belmonte es muy notable; redactó el discurso de contestación al de recepción de nuestro personaje en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. El tema elegido por Belmonte era de naturaleza histórico-jurídica y poseía un acusado carácter sociológico y «costumbrista» (folklorista). Lo preparó el año 1877, aunque el efectivo ingreso no tuvo lugar sino once años después y el texto, ofrecido a Guichot, permaneció inédito hasta 1913 en que Alejandro Guichot y Sierra lo rescató con motivo de la edición completa de las obras de su padre 141. Creo haber reseñado correctamente el origen y la pertenencia krausista del pensamiento de Belmonte Clemente.
También, destacado que su itinerario intelectual ejemplariza el paradigma de evolución interna del krausismo en Andalucía. Igualmente, para terminar, su desembocadura en el krausofolklorismo. Esto último aun podría revalidarse más todavía. A su muerte, el 16 de mayo de 1890, Gestoso 151 refiere que se encontraba preparando o tenía en ejecución avanzada un manuscrito intitulado Noticias históricas de la provincia de Huelva, formando la obra cuatro volúmenes y completada en uno más dedicado a onubenses ilustres. Sin contar éste, el primero trataba de la geografía física y económica de la provincia, además de las costumbres, prehistoria, dominación romana e inscripciones funerarias que se conservaban de aquella época, origen y culto del ídolo Salamboa, memoria goda, irrupción musulmana, asentamientos normandos, orígenes de Niebla y de la familia de los Jaldones e importancia de esta villa durante la dominación islámica, concluyendo con los hechos más notables en la historia de la población, estudio del período de Taifas y del saqueo de la ciudad a mediados del 5. XI. El segundo contenía extractos de los Libros de Actas del municipio de Trigueros. Finalmente, los volúmenes tercero y cuarto se consagraban en el plan de la obra a una recopilación diplomática de los 5. XIII al XVIII. El paso del tiempo y condiciones poco favorables han convertido en ilocalizable o han devorado casi totalmente este material.
Lo mismo parece haber ocurrido con una colección de legajos sin ordenar centrados en múltiples aspectos de la Villa de Trigueros, tales como arqueología, numismática, sigilografía, aljamiado, etc. Terminando, Gestoso alude sin precisar a cierto material sobre cantes populares. Lo correspondiente a esta parte del manuscrito no hace mucho que fue hallada. Contiene más de dos mil canciones populares cantadas en el territorio de la provincia de Huelva que versan sobre amor, desengaño, 'malquerencia, fiestas, labores agrícolas y pesqueras, además de menciones a otras provincias de la región, como Sevilla y Málaga. Sería responsable y preciso proceder a la recuperación definitiva de este original trabajo, valioso testimonio cultural que sobrepasa generosamente cualquiera de las recopilaciones existentes en nuestra región. Gran número de investigadores (sociólogos de la lengua, antropólogos, flamencólogos...) compartirían también el beneficio de la edición. Albergamos y abrigamos la esperanza de que muy pronto suceda así.